La era de Adrián Rubalcava en el Metro: una nueva imagen para el gigante de la CDMX
- La renovación de estaciones emblemáticas, el arte que ha cruzado fronteras y una forma de dirigir desde el territorio comienzan a dejar huella en uno de los grandes símbolos de la capital.
Por Mario Moreno Becerril
Hay lugares que terminan convirtiéndose en parte del ADN de una ciudad. La Ciudad de México no podría entenderse sin su Metro, ese gigante que corre debajo de sus calles y que este año cumplió 57 años de historia. Generaciones enteras hemos crecido con él: nos ha llevado a la escuela, al trabajo, al médico, a una cita, a cumplir un sueño o simplemente de regreso a casa. Hablar del Metro es hablar de la historia cotidiana de millones de mexicanos.
Y precisamente por todo lo que representa, resulta interesante observar la nueva etapa que vive bajo la dirección de Adrián Rubalcava. Desde que asumió la responsabilidad de conducir este enorme sistema, en mayo de 2025, su estilo se ha hecho notar. Hay una atención especial sobre sus espacios, su imagen y la manera en que el Metro se relaciona con la ciudad. Basta recorrer algunas estaciones para encontrar ejemplos de ese trabajo.

Auditorio es uno de los más espectaculares. Su renovación no solo transformó la estación: hoy alberga Apoteosis, de Federico Kampf, una obra de 750 metros cuadrados reconocida con un Récord Guinness como el mural holográfico más grande del mundo. Hidalgo es otro caso. Su transformación llamó la atención en redes sociales y consiguió algo que pocas veces ocurre con un espacio por el que normalmente caminamos deprisa: hizo que la gente se detuviera a mirar, fotografiar y compartir la nueva imagen del Metro, convirtiendo sus candelabros, en la decoración más viral de las redes.
Durante mucho tiempo nos acostumbramos a escuchar del Metro principalmente cuando algo fallaba. Hoy, sin que hayan desaparecido los enormes desafíos que enfrenta su operación, también se habla de él por sus renovaciones, por el arte, por la cultura y por estaciones que recuperan presencia. Esa es una de las huellas que comienza a distinguir esta etapa, entender que un sistema de transporte no solo debe funcionar, sino que sus espacios también merecen cuidado, identidad y atención.
Pero quizá lo que más reconozco de la labor de Adrián Rubalcava frente al Metro es otra cosa: su interés por entender a este gigante desde el territorio. Se le ve en las estaciones, hablando con usuarios, comerciantes, policías y trabajadores; escuchando lo que ocurre y conociendo directamente las necesidades de un sistema que, por sus dimensiones, sería muy fácil intentar dirigir únicamente desde una oficina.
Quienes trabajamos en el servicio público sabemos la importancia de estar presentes. Ese sello de cercanía es algo que identifico en Adrián y que, desde mi perspectiva, también comienza a reflejarse en la manera de conducir el Metro. Porque a un grande como este, no basta con administrarlo, hay que escucharlo, recorrerlo, cuidarlo y renovar su imagen sin perder de vista aquello que lo ha hecho indispensable durante 57 años: su gente.
Y hay otro aspecto de esta nueva era que vale la pena resaltar: la intención de acercar el Metro a la gente también a través de la cultura. En septiembre, cuando el sistema celebró sus 57 años, la Glorieta de Insurgentes se convirtió durante cuatro días en un espacio de música y baile gratuitos. Liran’ Roll, Los Askis, Aarón y su Grupo Ilusión, entre otros artistas, participaron en una celebración que recordó que el Metro también forma parte de nuestra identidad colectiva. No fue solamente una conmemoración; fue una manera de reconocer el lugar que este transporte ocupa en la vida de la ciudad.
La gente detrás del gigante
Por supuesto, renovar la imagen de las estaciones no resuelve por sí solo todos los retos de un sistema de estas dimensiones. El mantenimiento, la seguridad, la frecuencia de los trenes y la calidad del servicio siguen siendo fundamentales. Pero considero que recuperar los espacios también importa, porque habla de la atención que merece un transporte público utilizado diariamente por millones de personas.
Y en ese esfuerzo no podemos olvidar a quienes hacen posible lo verdaderamente extraordinario. Detrás de cada tren que arranca, de cada estación que abre sus puertas y de cada viaje que se realiza, existen miles de trabajadores que mantienen en movimiento uno de los sistemas de transporte más importantes del continente.
Gracias a ellos, ese imponente gigante despierta todos los días y vuelve a recorrer la ciudad. Gracias a ellos, millones de personas podemos atravesar la capital, conectar de norte a sur, acercarnos a nuestros trabajos, nuestras familias y nuestros destinos, todo esto por una tarifa de apenas cinco pesos.
Eso es lo monumental del Metro. No solamente sus kilómetros de vías, sus estaciones o la cantidad de pasajeros que transporta. Lo verdaderamente grandioso es que, después de 57 años, sigue haciendo posible que una ciudad inmensa se encuentre, se conecte y se mueva.
Una transformación por dentro y por fuera
A poco más de un año de asumir la Dirección General, la huella de Adrián Rubalcava ya es visible en las estaciones renovadas, en la recuperación de espacios, en la toma de decisiones y en la nueva imagen que proyecta este gigante de la capital. Pero hay algo igual de importante que también merece ser reconocido: el trabajo que no siempre está a la vista de los usuarios.
Mientras impulsa esta transformación, Adrián también ha realizado un trabajo histórico en materia de mantenimiento, infraestructura y operación, atendiendo aspectos fundamentales que, aunque pocas veces reciben reflectores, son los que permiten que el Metro funcione todos los días. Porque de poco serviría renovar su imagen sin fortalecer aquello que sostiene su funcionamiento. Y ahí está uno de los principales aciertos de su gestión, es entender que ambas tareas deben avanzar de la mano.
Hoy, el Metro vive una nueva etapa que lleva el sello de Adrián Rubalcava, una transformación que combina imagen, mantenimiento y operación. Porque transformar el Metro no es solamente cambiar sus espacios, sino fortalecer el corazón de una ciudad que nunca deja de moverse. Una tarea que Rubalcava ha entendido a la perfección: cuidar al Metro es fortalecer el sistema que hace posible que esta inmensa ciudad siga su marcha todos los días.