El nuevo intervencionismo: poder, narrativa y control
- Más allá de lo militar, la disputa actual se libra en el terreno político y judicial, donde actores globales buscan influir en el rumbo de las democracias latinoamericanas
Por Mario Moreno Becerril, Coordinador del Programa Trato Digno ISSSTE
La Internacional de la Reacción: el asedio de la ultraderecha contra la soberanía nacional
El panorama político en América Latina y el mundo atraviesa un momento crítico. Estamos siendo testigos de un “segundo aire” de las fuerzas más conservadoras que, lejos de renovarse, están rescatando las tácticas más oscuras del siglo XX. El avance de la derecha, hoy impulsado abiertamente por la sombra de Donald Trump y ejecutado por personajes como Javier Milei en Argentina —quien ha entregado la política económica de su país a los intereses del capital extranjero—, no es un fenómeno aislado. Es una estrategia de injerencia orquestada para recuperar privilegios perdidos a costa de las mayorías.
El retorno de los “lacayos” y la sombra del fascismo
Lo que vemos hoy en la región es una agenda que, a través de la fuerza y la injerencia de Estados Unidos, pretende reinstaurar modelos autoritarios. Estos grupos operan bajo la lógica de utilizar lacayos locales para impulsar agendas que, por su naturaleza excluyente y violenta, guardan preocupantes similitudes con la Alemania nazi. Buscan el control total a través del miedo y la desestabilización de los gobiernos emanados de la lucha popular, reviviendo una ofensiva que incluso ha llegado al extremo de ataques directos, como la reciente agresión militar contra Venezuela en enero de 2026.

El intervencionismo histórico y el nuevo “lawfare”
El historial de Estados Unidos en nuestra región es de una crueldad sistemática: desde las invasiones a México en 1846 y 1914, pasando por el apoyo a golpes de Estado en Nicaragua y República Dominicana, hasta los intentos de control mediante bloqueos en la era contemporánea. Hoy, esa bota militar ha mutado al “lawfare” o guerra jurídica: el uso de agencias de inteligencia para fabricar delitos y perseguir a líderes populares.
Un ejemplo descarado ocurrió apenas esta semana: la justicia estadounidense intentó vincular al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, con el narcotráfico sin presentar pruebas sólidas en nuestro territorio. Este señalamiento no tiene otro fondo más que la intervención política en México, tratando de manchar a un gobernante emanado de Morena para debilitar el proyecto de la Cuarta Transformación ante los ojos del mundo.
México: la oposición y el discurso “vende patrias”
En México, la oposición rancia —encabezada por un panismo desesperado— se ha aliado con los sectores más nocivos de la ultraderecha internacional. Recientemente, personajes del partido español Vox estuvieron en nuestro país impulsando discursos que pretenden blanquear la masacre indígena y el asesinato masivo de nuestros antepasados, afirmando que España logró “liberar” a millones del “terror azteca”.
Es inaudito que pretendan que estemos “agradecidos” con Hernán Cortés, mientras sus aliados en el PAN guardan silencio o aplauden. Esta narrativa no es accidental; busca borrar nuestra identidad para justificar la entrega de nuestra soberanía actual.
La soberanía en riesgo: el caso Chihuahua
La degradación de la derecha mexicana ha llegado al límite de permitir la intervención directa de la CIA en temas de seguridad nacional. El reciente escándalo en Chihuahua reveló operaciones conjuntas de la CIA, DEA y FBI en suelo mexicano, bajo el amparo de gobiernos locales reaccionarios. La Fiscalía General de la República (FGR) ya investiga a 50 agentes involucrados en este despliegue que vulnera nuestra Constitución. Es el “pacto secreto” del entreguismo que prefiere servir a Washington que al pueblo de México.
Conclusión: un llamado a la resistencia
La derecha hoy es asesina, retrógrada y busca quitar derechos. Ante este asedio, la respuesta debe ser la unidad nacional. Bajo el liderazgo de la doctora Claudia Sheinbaum, debemos defender los logros alcanzados y no dar ni un paso atrás frente a los intereses que pretenden volvernos a subordinar. La soberanía no se negocia: se defiende con la verdad y la memoria histórica. Por el bien de todos, primero los pobres.