Martí Batres: dos años de transformar al ISSSTE
- El rescate de hospitales, las mejoras médicas y la humanización del servicio destacan entre los logros de una gestión cuyo titular fue calificado por la Presidenta Claudia Sheinbaum como “el mejor director” que ha tenido el instituto
Por Mario Moreno Becerril
Mover una institución tan grande como el ISSSTE no es una tarea sencilla. Detrás de cada consulta, cirugía, medicamento o trámite existe un enorme engranaje de áreas administrativas, médicas y operativas que deben trabajar de manera coordinada. Lograr que todas esas piezas funcionen y avancen hacia un mismo objetivo requiere mucho más que tomar decisiones desde un escritorio: exige liderazgo, presencia en territorio y, sobre todo, predicar con el ejemplo, tal como lo ha hecho Martí Batres desde que asumió la Dirección del instituto.
Este mes, Martí Batres Guadarrama cumplió dos años al frente del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE). Dos años en los que, a mi parecer, uno de sus mayores méritos ha sido precisamente ese: poner en movimiento una institución que durante décadas acumuló rezagos, obstáculos administrativos y los efectos de políticas que debilitaron los servicios públicos.

A estos resultados se suman diez acciones que permiten dimensionar los alcances de su gestión:
1) La apertura de hospitales de alta especialidad en Torreón, Tlajomulco y Acapulco.
2) El rescate de hospitales que permanecían cerrados, como el Dr. Carlos Calero Elorduy, en Morelos.
3) La rehabilitación y puesta en funcionamiento de quirófanos.
4) La incorporación de tecnología médica avanzada, incluidos robots quirúrgicos Da Vinci y ROSA.
5) La renovación del parque de ambulancias.
6) El fortalecimiento del abasto de medicamentos.
7) El mejoramiento de unidades médicas mediante el programa La Clínica es Nuestra.
8) Las mejoras salariales, la basificación y la ampliación de jornadas laborales del personal de salud.
9) Las medidas para aliviar las deudas de miles de acreditados del FOVISSSTE.
10) La implementación de la Estrategia Nacional de Trato Digno, orientada a humanizar la atención a la derechohabiencia.
Son avances que forman parte del proceso de recuperación de las instituciones públicas iniciado durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y que continúa bajo la Presidencia de Claudia Sheinbaum.

Sin embargo, hay algo que las cifras difícilmente pueden reflejar y que, desde mi trabajo en las Oficinas de Representación del ISSSTE, he podido observar de primera mano: la capacidad de Martí Batres para involucrar a las personas y hacer que las distintas áreas del Instituto trabajen hacia un mismo objetivo.
Lo he visto recorrer hospitales, escuchar al personal, atender planteamientos y dar seguimiento a problemas que podrían quedarse atrapados entre oficios, escritorios y procedimientos interminables. No es extraño saber que un viernes, sábado o domingo está supervisando alguna unidad médica. Su presencia en territorio transmite un mensaje que también llega a quienes formamos parte de esta institución: si el Director General está ahí, trabajando y buscando soluciones, nosotros tenemos que responder con el mismo compromiso.
Esa dinámica también se refleja en el trabajo de Rodrigo Ávila, director de Oficinas de Representación, quien mantiene una comunicación constante con los equipos, organiza reuniones de seguimiento y está pendiente de las necesidades que surgen diariamente. Desde nuestra área sabemos que detrás de cada problema hay una responsabilidad compartida y que ninguna solución llega por sí sola.
Así es como comienza a moverse el engranaje: cuando el personal médico, administrativo y operativo deja de trabajar de manera aislada y entiende que su labor forma parte de algo mucho más grande.
Menos burocracia y más orgullo de pertenecer al ISSSTE
Otro aspecto que considero fundamental es el esfuerzo por combatir la burocracia innecesaria. Durante años se normalizaron procedimientos tan complicados que, en ocasiones, parecían importar más que las personas a las que debían servir. Martí Batres ha insistido en revisar esos obstáculos y promover una administración más ágil y resolutiva.
En materia de salud, esto adquiere una dimensión particularmente delicada. Un trámite que se retrasa no siempre representa únicamente tiempo perdido; puede significar que un paciente siga esperando un medicamento, un estudio o una intervención médica. Por eso, reducir la burocracia no es solamente mejorar la administración: es asumir que detrás de cada expediente existe una persona.
También percibo un cambio que merece destacarse: el orgullo de pertenecer al ISSSTE.
Durante la época en que reinaron los gobiernos neoliberales en nuestro país, se construyó una imagen negativa de las instituciones públicas, como si trabajar en ellas fuera motivo de vergüenza o como si sus trabajadores no fueran capaces de ofrecer servicios de calidad. Esa visión ignoró el esfuerzo de miles de médicas, médicos, enfermeras, enfermeros y trabajadores que, incluso en las condiciones más difíciles, nunca dejaron de cumplir con su responsabilidad.
Hoy encuentro compañeros que hablan con entusiasmo de sus proyectos, que quieren participar y que sienten que su trabajo tiene un propósito. Desde mi perspectiva, Martí Batres ha contribuido a recuperar ese sentido de pertenencia. Y cuando alguien vuelve a sentirse orgulloso de la institución en la que trabaja, también cambia su manera de relacionarse con ella y con las personas a las que atiende.
Trato Digno: transformar también es humanizar
En este proceso hay una tarea que me toca especialmente de cerca: la humanización del servicio.
A través de la Estrategia Nacional de Trato Digno, impulsada por nuestro director general, hemos aprendido que escuchar, orientar, acompañar y buscar soluciones puede hacer una diferencia enorme en la experiencia de la derechohabiencia. Pero el buen trato no debe limitarse a la relación con los pacientes.
También tiene que existir entre compañeros, entre áreas y entre quienes tenemos la responsabilidad de tomar decisiones.
Una institución donde las personas se escuchan y se respetan está en mejores condiciones de atender a quienes acuden a ella.
Por supuesto, todavía existen problemas por resolver. Sería un error pensar que los rezagos de tantos años pueden desaparecer en dos. Pero también sería injusto ignorar el trabajo realizado y, sobre todo, el esfuerzo cotidiano por cambiar la manera en que funciona el Instituto.
Después de estos dos años, hay una convicción que se ha fortalecido en mí: servir desde una institución pública debe ser motivo de orgullo, pero también de una enorme responsabilidad.
Y quiero terminar con una reflexión que considero esencial. Hay espacios del servicio público donde no podemos permitirnos perder la sensibilidad, particularmente en la salud y la justicia. Quienes llegan a un hospital o a una institución encargada de impartir justicia no suelen hacerlo en sus mejores momentos. Llegan preocupados, con miedo, con dolor o buscando una respuesta que puede cambiarles la vida.
Frente a esas circunstancias, la indiferencia no tiene cabida. No basta con conocer un reglamento o cumplir un horario. Hay que saber escuchar, comprender la urgencia de quien tenemos enfrente y hacer todo lo que esté a nuestro alcance para ayudar.
Porque al final, antes que cualquier cargo, somos servidores públicos. Y servir, como la propia palabra lo dice, significa estar para los demás.