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AMLO, Claudia Sheinbaum y la 4T: cuando el cambio incomoda

AMLO, Claudia Sheinbaum y la 4T: cuando el cambio incomoda
  • Publishedseptiembre 25, 2026
  • De un Presidente de origen sencillo a la primera mujer en gobernar México, la Cuarta Transformación rompió paradigmas y cambió el destino de los recursos públicos. En el camino también tocó privilegios e intereses que durante años parecieron intocables. ¿Está ahí una de las razones detrás de tantos ataques?

Por Mario Moreno Becerril

Andrés Manuel López Obrador ya no es Presidente y, aun así, hay quienes siguen hablando de él todos los días para atacarlo. Con Claudia Sheinbaum ocurre algo parecido. Por eso últimamente me he hecho una pregunta: ¿qué les molesta realmente de ellos? No hablo de la crítica legítima ni de quienes simplemente piensan distinto. Hablo de ese pequeño sector para el que nada parece suficiente y que ha convertido la descalificación en una constante.

Con Claudia, además, hay algo que no deberíamos normalizar: la misoginia. En lugar de discutir únicamente sus decisiones como Presidenta, aparecen comentarios que insinúan que está cansada, que emocionalmente no puede con la presión o rumores sobre su vida personal. ¿Cuántas veces hemos visto algo parecido cuando una mujer llega a un espacio de poder? A un hombre se le cuestiona una decisión; a una mujer todavía hay quienes pretenden cuestionarle hasta si tiene la fortaleza para ocupar el cargo.

Y con Andrés Manuel hubo también un componente que pocas veces se dice abiertamente: el clasismo. Un hombre nacido en Tepetitán, en el municipio de Macuspana, Tabasco, de origen sencillo y formado políticamente recorriendo comunidades, llegó a la Presidencia de México y puso en el centro de su gobierno a quienes durante décadas habían tenido menos.

Los adultos mayores, las personas con discapacidad, los jóvenes, los estudiantes y las familias de menores ingresos dejaron de aparecer solamente en los discursos y comenzaron a recibir directamente una parte importante de los recursos públicos.

Eso también significó poder.

Porque cuando una persona tiene una pensión, una beca o un apoyo que llega directamente a sus manos, sin intermediarios, tiene un poco más de libertad para decidir sobre su propia vida.

Claudia Sheinbaum decidió continuar ese camino. Para el cierre de 2026, los Programas para el Bienestar llegarán a 42.8 millones de personas, de acuerdo con cifras del Gobierno de México. No estamos hablando únicamente de programas: estamos hablando de una manera distinta de decidir para quién se gobierna.

Y ahí, creo, comienza a entenderse una parte de la molestia.

Porque mientras millones comenzaron a recibir más, otros privilegios empezaron a revisarse.

Cuando los privilegios dejan de ser intocables

Lo veo de primera mano en el ISSSTE, donde nuestro Director General, Martí Batres Guadarrama, ha llevado esta misma visión a una batalla muy concreta: recuperar lo público, defender los recursos del Instituto y corregir injusticias que durante años parecieron normales.

El ejemplo de los hospitales es muy claro. Las unidades del ISSSTE en Villahermosa, Tepic y Mérida operaron bajo esquemas de asociación público-privada. El Instituto ya recuperó plenamente esos tres hospitales y ahora busca hacer lo mismo con el Hospital General de Tláhuac.

En Tláhuac existe un contrato de 23 años bajo el cual el ISSSTE paga alrededor de 137 millones de pesos mensuales. Martí ha explicado que, de mantenerse el esquema durante toda su vigencia, el desembolso superaría los 37 mil millones de pesos.

Pongámoslo en palabras sencillas: durante años se aceptó que empresas privadas hicieran grandes negocios alrededor de servicios públicos. Hoy el ISSSTE está buscando recuperar el control y utilizar mejor esos recursos.

¿A todos les conviene ese cambio? Evidentemente, no.

Lo mismo ocurre con las pensiones fuera de los límites legales. Este mismo año, el Instituto obtuvo una resolución judicial para ajustar una pensión de más de 322 mil pesos mensuales que se había pagado durante más de dos décadas. Una sola persona había recibido más de 55 millones de pesos.

Martí ha definido estas acciones como una lucha por la justicia social, la legalidad y la defensa de los recursos públicos. Y creo que ahí hay una diferencia que debemos tener muy clara: defender derechos no es lo mismo que defender privilegios.

Algo similar ha ocurrido con los grandes contribuyentes. Durante los gobiernos de la Cuarta Transformación se ha puesto mayor atención en el cumplimiento de las obligaciones fiscales y algunos de los empresarios más poderosos del país han sostenido largos litigios con el Estado.

Todos tienen derecho a defenderse ante los tribunales. Todos tienen derecho a criticar al gobierno. Y los medios tienen derecho a sostener una línea editorial. Pero los ciudadanos también tenemos derecho a conocer el contexto completo cuando escuchamos esas críticas y a sacar nuestras propias conclusiones.

¿Qué fue lo que cambió?

No creo que toda persona que critique a López Obrador o a Claudia Sheinbaum sea clasista, misógina o esté defendiendo un interés económico. Sería absurdo afirmarlo. En una democracia necesitamos oposición, debate y voces críticas.

Pero tampoco podemos cerrar los ojos ante algo evidente: cuando una transformación mueve miles de millones de pesos, cambia contratos, cobra impuestos, revisa privilegios y dirige más recursos hacia quienes menos tienen, necesariamente toca intereses.

Andrés Manuel incomodó también por lo que representó: un hombre de origen sencillo que llegó a Palacio Nacional y convirtió a millones de mexicanos que durante mucho tiempo se sintieron olvidados en protagonistas de la vida pública.

Claudia representa ahora otra ruptura histórica: una mujer conduciendo el país, tomando decisiones y ejerciendo el poder desde la Presidencia de la República.

Y mientras ella continúa ese proyecto, desde el ISSSTE veo a Martí Batres dar su propia batalla para que esa transformación llegue hasta nuestra institución: recuperar hospitales, revisar privilegios, fortalecer los servicios públicos y hacer que los recursos vuelvan a cumplir su verdadera función social. Por eso, cuando escucho tantos ataques, intento mirar más allá de las palabras.

Quizá lo que molesta no sea solamente Andrés Manuel. Tampoco solamente Claudia. Quizá lo que realmente incomoda a ciertos sectores es que México empezó a cambiar sus prioridades, a tocar privilegios que parecían intocables y, sobre todo, a gobernar primero para quienes durante demasiado tiempo tuvieron menos.

Written By
Red Capital