ESPECIALES RED

La Batalla por la Conciencia: Colombia y las Lecciones del Intervencionismo en América Latina

La Batalla por la Conciencia: Colombia y las Lecciones del Intervencionismo en América Latina
  • Publishedjunio 26, 2026
  • El mapa político de América Latina vuelve a crujir

Por Mario Moreno Becerril

Lo ocurrido recientemente en las elecciones presidenciales de Colombia no es un hecho aislado, sino la confirmación de una estrategia coordinada, cínica y brutal para frenar las transformaciones populares en nuestra región. A pesar de los avances históricos del gobierno de Gustavo Petro, la llegada al poder del ultraderechista Abelardo de la Espriella en una elección sumamente cerrada enciende todas las alarmas.

¿Cómo es posible que, tras un gobierno que arrojó datos duros incuestionables en reducción de la pobreza y justicia social, la opción de la ultraderecha lograra imponerse? Para entender este fenómeno —y blindar los procesos de izquierda en el resto del continente— es indispensable analizar las tres claves de esta contraofensiva conservadora.

  1. El bombardeo mediático y la dictadura del algoritmo

El primer pilar de la reacción conservadora es el control absoluto de las narrativas. Los grandes medios de comunicación corporativos operan las 24 horas del día como partidos políticos de facto, bombardeando la mente de la población con mentiras, infundiendo miedo y saboteando las propuestas populares.

A este asedio tradicional se le suma ahora el control de los espacios digitales. Con plataformas como X (antes Twitter) dirigidas abiertamente por personajes de la ultraderecha global como Elon Musk, las redes sociales se han convertido en laboratorios de manipulación masiva. A través de granjas de bots, campañas negras coordinadas y la amplificación de la desinformación, logran distorsionar la realidad hasta hacer que los sectores populares voten en contra de sus propios intereses materiales.

  1. El cinismo del intervencionismo norteamericano

La injerencia de Estados Unidos en la soberanía de América Latina ya no se esconde en las alcantarillas de la diplomacia secreta; hoy se hace de manera descarada y cínica. El caso de Colombia es el ejemplo más nítido de esta intervención directa a través de agencias de inteligencia, recursos y declaraciones de alto nivel.

El propio Donald Trump operó como un jefe de campaña de la ultraderecha colombiana. No podemos olvidar sus constantes ataques frontales al presidente Petro, llegando a amenazarlo abiertamente a finales de 2025 al declarar que “él sería el siguiente” en la lista de presiones de Washington. Tras el cierre de las urnas en el balotaje colombiano, el festejo en redes de Trump publicando “¡Ganó en GRANDE!” respecto a De la Espriella demuestra que la Casa Blanca asume el triunfo de la derecha como una victoria propia en su histórica estrategia de subordinación regional.

  1. La urgencia de la autocrítica: No hay transformación sin conciencia social

Este es el punto más complejo y el que exige mayor honestidad por parte del progresismo. El gobierno de Gustavo Petro hizo una gestión histórica en beneficio de los más desfavorecidos, logrando sacar a millones de personas de la pobreza extrema. Sin embargo, una parte considerable de esa población que ascendió socialmente terminó votando por la propuesta de sus opresores. ¿Por qué?

La paradoja del ascenso social sin politización: Cuando un gobierno popular redistribuye la riqueza y saca a la gente de la pobreza, si ese logro material no va acompañado de una profunda formación política y construcción de conciencia de clase, el sistema absorbe a ese ciudadano.

Al convertirse en una nueva clase media, la manipulación mediática les inocula el mito de la meritocracia (el discurso aspiracional de “el pobre es pobre porque quiere” o “saliste adelante solo por tu propio esfuerzo echándole ganas”). La derecha criminaliza la pobreza mientras hace que los sectores recién emancipados adopten el pensamiento del rico, diluyendo la lucha de clases. Si la izquierda se limita a ser un buen administrador de recursos y abandona el cultivo de los ideales populares, la transformación se vuelve vulnerable y reversible.

El contraste con México: La consolidación de la Cuarta Transformación

Afortunadamente, el panorama en México es distinto y nos muestra la otra cara de la moneda: cómo la soberanía y el respaldo popular sí pueden consolidar un proyecto de nación. La llegada de la presidenta Claudia Sheinbaum está profundizando un proyecto espectacular que camina sobre los cimientos inconmovibles dejados por Andrés Manuel López Obrador.

Lo logrado desde el 2018 no tiene precedentes modernos. No se trató solo de un cambio de gobierno, sino de un cambio de régimen bajo la premisa irrenunciable de “Por el bien de todos, primeros los pobres”. El balance histórico del obradorismo es un monumento a la dignidad social:

Justicia Social Histórica: La combinación de los Programas para el Bienestar (como la Pensión Universal para Adultos Mayores, las becas Benito Juárez y Jóvenes Construyendo el Futuro) junto a los aumentos históricos al salario mínimo lograron sacar a más de 13 millones de personas de la pobreza, reduciendo la brecha de desigualdad a mínimos históricos.

Soberanía e Infraestructura Estratégica: El dinero público, que antes se iba a las cuentas bancarias de la oligarquía, se transformó en obras monumentales que detonaron el desarrollo de regiones históricamente olvidadas. El Tren Maya, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), la Refinería Dos Bocas para avanzar hacia la autosuficiencia energética y el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec devolvieron al Estado su papel como motor del desarrollo nacional.

Estabilidad Económica: Frente a los pronósticos desastrosos de la oposición, México demostró una fortaleza fiscal inédita, con récords en inversión extranjera directa, recaudación fiscal sin aumentar impuestos y un peso mexicano que resistió los embates globales. Claudia Sheinbaum: El segundo piso y la pacificación del país.

Lejos de la parálisis que predecía la derecha, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha acelerado el paso, consolidando la economía moral y logrando avances contundentes en las demandas más sensibles de la población.

El mayor ejemplo de ello es la seguridad. Aplicando la estrategia de atender las causas profundas de la violencia combinada con inteligencia, coordinación diaria y cero impunidad, el gobierno de Sheinbaum ha alcanzado índices históricos a la baja en la incidencia delictiva y homicidios dolosos. El fortalecimiento de la Guardia Nacional y la pacificación territorial demuestran que la paz es fruto de la justicia, no de la guerra clandestina.

Formar a las nuevas generaciones: El antídoto contra la amnesia histórica

A pesar de este escenario luminoso, México no está blindado contra el veneno de la reacción. Aquí también padecemos a empresarios de ultraderecha, verdaderos evasores de impuestos y delincuentes de cuello blanco que controlan cadenas masivas como TV Azteca. Diariamente, sus conductores y analistas difunden mentiras para desestabilizar al país porque extrañan los privilegios y la corrupción del pasado.

Para neutralizar esta manipulación mediática, la tarea prioritaria e impostergable de la izquierda mexicana es concientizar a las nuevas generaciones. Las juventudes actuales nacieron o crecieron viendo los logros de la transformación, por lo que corren el peligro de normalizarlos y olvidar el abismo del que venimos. Es un deber militante recordarles qué significaban los gobiernos del PRI y del PAN:

Las Masacres del PRI: Una dictadura perfecta que respondió a las demandas populares con sangre. Desde la masacre estudiantil de Tlatelolco en 1968 y el Jueves de Corpus en 1971, hasta las matanzas de Acteal y Aguas Blancas en los noventa. El PRI representó el uso del aparato del Estado para desaparecer y asesinar a quienes pensaban diferente.

Las Devaluaciones y el Saqueo Económico: Gobiernos priistas que destruyeron el patrimonio familiar de la noche a la mañana. Crisis cíclicas como las de 1982 o el “error de diciembre” de 1994 que terminaron en el despojo del Fobaproa, convirtiendo las deudas privadas de unos cuantos banqueros corruptos en una deuda pública que los mexicanos seguimos pagando hoy en día.

El Narco-Estado del PAN: El periodo más oscuro de nuestra historia reciente. Con la llegada del panismo se inauguró la hipócrita “Guerra contra el Narco”, que no fue más que una simulación sangrienta. Mientras las calles se llenaban de masacres, fosas clandestinas y dolor, el secretario de Seguridad Pública del gobierno panista, Genaro García Luna, operaba directamente como miembro de los cárteles de la droga. El panismo convirtió al gobierno en una extensión del crimen organizado.

Unidad, autocrítica y movilización permanente

Hacer buenos gobiernos es el requisito mínimo, y en México se están haciendo de forma espectacular. Sin embargo, la lección de Colombia nos grita que los resultados materiales no bastan si abandonamos la trinchera ideológica.

Debemos trabajar muchísimo e incansablemente en el territorio y en los espacios digitales. Hay que difundir los logros de manera constante, pero también hay que tener la madurez de ser autocríticos. En la izquierda existen errores, burocracia y, a veces, un egocentrismo individualista que nubla la vista de algunos dirigentes. Hay que dejar atrás las divisiones estériles; el egocentrismo es el mejor aliado de la reacción.

Solo a través de un pueblo organizado, políticamente educado, consciente de su historia y con ideales firmes, seremos capaces de detener el avance de la ultraderecha mediática y los zarpazos del intervencionismo norteamericano en nuestra América Latina. La transformación no se decreta: se defiende todos los días en la mente y el corazón del pueblo.

Written By
Red Capital