La oleada de intervenciones de Estados Unidos llega a México
- La ofensiva judicial de Estados Unidos contra funcionarios mexicanos se inscribe en una larga historia de intervenciones en América Latina, donde la presión política ha sido constante
Por Mario Moreno Becerril, Coordinador del Programa Trato Digno ISSSTE
El reciente embate judicial de Estados Unidos contra funcionarios mexicanos no es un ejercicio de justicia desinteresada; es el síntoma de una patología histórica. Bajo el pretexto de combatir el narcotráfico, Washington reactiva su vieja maquinaria de presión para intervenir en la política interior de naciones soberanas. Hoy, como hace un siglo, el vecino del norte utiliza sus agencias —como la DEA o la CIA— para intentar doblar voluntades que no se pliegan a sus mandatos.
La historia es un espejo que no miente. Para entender el presente, conviene repasar momentos en los que la soberanía fue sacrificada en el altar de los intereses estadounidenses:
I. México (1913): El Pacto de la Traición
Incluso antes de la caída de Porfirio Díaz, la influencia de EE. UU. era una sombra constante. El punto más bajo llegó durante la Decena Trágica. El embajador Henry Lane Wilson fue uno de los principales impulsores del derrocamiento de Francisco I. Madero. Al temer que la Revolución afectara intereses petroleros, conspiró con Victoriano Huerta en la propia embajada de Estados Unidos. Fue la “traición de la embajada”, que costó la vida de un presidente legítimo.
II. Guatemala (1954): Mercenarios y Bananas
El “pecado” del presidente Jacobo Árbenz fue impulsar una reforma agraria que afectaba a la United Fruit Company. La respuesta de la CIA fue la Operación PBSUCCESS: una invasión mercenaria que derrocó a un gobierno democrático para instalar una dictadura militar servil durante décadas.
III. Chile (1973): La Economía como Arma
“Hacer que la economía grite”. Esa fue la orden de Richard Nixon para desestabilizar a Salvador Allende. La CIA financió el caos que culminó en el golpe de Augusto Pinochet. No buscaban libertad; buscaban control sobre el Cono Sur.
IV. Nicaragua (Años 80): El Doble Rasero
Mientras EE. UU. hoy señala con el dedo, en los años 80 la administración Reagan financió ilegalmente a “la contra” nicaragüense mediante el escándalo Irán-Contra, utilizando incluso redes vinculadas al narcotráfico para derrocar al gobierno sandinista.
V. Venezuela: El Secuestro de la Soberanía
Se ha visto en la violación sistemática de normas internacionales para vulnerar la soberanía venezolana, incluido el secuestro de figuras de Estado. Las formas han mutado —de los fusiles a los tribunales—, pero el objetivo permanece: el control de recursos estratégicos.
La Gran Hipocresía: Armas y Testigos Protegidos
Si de verdad Estados Unidos estuviera preocupado por el bienestar del pueblo mexicano y el combate a los cárteles, su primera acción sería frenar el tráfico ilegal de armas hacia nuestro país. Se trata de un negocio millonario que opera con la tolerancia de su gobierno y el amparo de leyes laxas; cada arma que cruza la frontera es una herramienta de violencia permitida por Washington.
Resulta contradictorio que, mientras exige extradiciones, su sistema judicial celebre acuerdos con narcotraficantes confesos. Les ofrece libertad y vida de lujo a cambio de bienes materiales y testimonios a modo. Para EE. UU., el narcotráfico no es una guerra que busque ganar, sino una herramienta de gestión política: si sirve para presionar a un gobierno soberano, se utiliza; si se vuelve incómodo, se procesa bajo sus propios términos.
Los Asuntos de México son de los Mexicanos
Hoy en México, el ambiente político refleja ese viejo intervencionismo. Resulta preocupante observar cómo sectores de la oposición recurren a la validación de Washington, subordinando la soberanía a beneficios políticos inmediatos.
Es imperativo respaldar la postura firme de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien con dignidad ha dejado claro que México no es un protectorado. La seguridad en nuestro país nos corresponde resolverla a nosotros. A Estados Unidos no le interesa la paz en América Latina, sino la intervención para asegurar recursos y control. La soberanía no se negocia: los problemas de casa se resuelven en casa.