Seguridad que avanza, salud que se transforma
- Los índices en estos dos rubros comienzan a reflejar cambios tangibles en la vida cotidiana: menos violencia en las calles y una atención médica más digna en las instituciones públicas
Por Mario Moreno Becerril, coordinador del programa Trato Digno
La historia de las naciones rara vez se escribe en un solo momento. Se construye a partir de etapas que se enlazan, se corrigen y se fortalecen con el tiempo.
Hoy, México vive un momento de madurez bajo el liderazgo de la Dra. Claudia Sheinbaum, quien con sensibilidad y firmeza está consolidando los cimientos colocados por el Lic. Andrés Manuel López Obrador, es una etapa en la que las políticas públicas comienzan a reflejar resultados tangibles en dos de los ámbitos que más preocupan a la ciudadanía: la seguridad y la salud.
No estamos ante un inicio de cero, sino ante el fortalecimiento de una ruta de justicia social que ya ha rescatado a las instituciones del abandono.
Durante años, la violencia marcó la conversación pública. La percepción de inseguridad se convirtió en una constante en la vida cotidiana y, con razón, muchos ciudadanos se acostumbraron a mirar cualquier estadística con cautela. Sin embargo, los datos recientes obligan a observar con atención lo que está ocurriendo.
Febrero de 2026 se convirtió en el mes con menos homicidios dolosos desde 2015. La reducción de aproximadamente 44% respecto a los niveles registrados en septiembre de 2024 no es un dato menor.
Tampoco lo es la caída en delitos de alto impacto o la disminución del secuestro y el robo de vehículos. Detrás de estas cifras hay importantes detenciones, decomisos de armas y, sobre todo, vidas que no se perdieron.
Para muestra un botón: los delitos de alto impacto registran una caída del 28% en promedio diario respecto a finales de 2024. El promedio diario de homicidios pasó de 95 a 57, lo que significa 38 tragedias menos cada día. El secuestro ha caído un impresionante 57.6%, mientras que el robo de vehículos bajó un 38%.
Estas no son solo estadísticas; son 46 mil 400 personas detenidas y más de 24 mil armas decomisadas que ya no están en las calles. México camina de manera sólida en la erradicación de la inseguridad con pasos firmes.
Las estadísticas, por supuesto, no cuentan toda la historia, pero sí ofrecen una señal importante: el país transita de una etapa de contención hacia una de reducción sostenida de la violencia. Para muchas familias, esa diferencia significa recuperar algo que durante mucho tiempo pareció escaso: la tranquilidad cotidiana.
Pero si hay un terreno donde la consolidación de las políticas públicas puede sentirse con especial claridad es en el sistema de salud. Durante décadas, los hospitales públicos cargaron con carencias estructurales, rezagos administrativos y una percepción social marcada por la frustración de los pacientes. Cambiar esa realidad no ocurre de la noche a la mañana.
Hoy, sin embargo, se observan transformaciones relevantes en instituciones como el ISSSTE, donde se impulsa un modelo que busca ir más allá de la atención burocrática para colocar en el centro la experiencia del derechohabiente.
El concepto de “Trato Digno Resolutivo”, promovido por el director del Instituto, Martí Batres Guadarrama, apunta justamente hacia esa lógica: no basta con recibir al paciente con cortesía si su problema no se resuelve. La dignidad en la atención implica acompañamiento, claridad en la información y capacidad institucional para dar respuesta.
En paralelo, el fortalecimiento de la infraestructura médica comienza a materializarse en decenas de obras hospitalarias, nuevos consultorios y una modernización tecnológica que incluye procedimientos de alta especialidad que antes eran prácticamente inaccesibles para amplios sectores de la población.
A ello se suma un elemento fundamental para cualquier sistema de salud: la disponibilidad de medicamentos. Mantener niveles de abasto superiores al 97% en farmacias y almacenes representa un paso importante para cerrar una de las brechas que más indignación generó durante años entre los pacientes y sus familias.
El sistema de salud mexicano aún enfrenta desafíos, pero lo que comienza a perfilarse es una ruta distinta: una en la que las instituciones buscan responder con mayor eficacia y humanidad.
En ese contexto, México se encuentra en una fase en la que los avances se presentan como la continuidad de un proyecto que intenta traducir las decisiones de gobierno en cambios concretos para la vida cotidiana.
Si las cifras de seguridad se mantienen a la baja y la transformación del sistema de salud logra consolidarse, lo que veremos no será solo una suma de programas o reformas. Será, más bien, la construcción gradual de un país donde la paz se sienta en las calles y la dignidad también pueda experimentarse en los hospitales.