La salud como derecho
- Estamos ante la consolidación del sistema público de salud, un punto de quiebre frente a décadas de fragmentación y desigualdad.
Por Mario Moreno Becerril, Coordinador del Programa Trato Digno ISSSTE
Durante décadas, en México la salud fue tratada como un privilegio y no como un derecho. El acceso a una consulta, a una cirugía o a un medicamento dependía del tipo de empleo, del ingreso o, peor aún, del lugar de residencia. El sistema no solo era desigual: estaba diseñado para fragmentar. Hoy, con la propuesta de consolidar un sistema de salud universal impulsada por la Presidenta Claudia Sheinbaum, el país se encuentra ante una de las transformaciones más profundas y necesarias de su historia social.
La apuesta no es menor. Se trata de pasar de un modelo dividido —IMSS para unos, ISSSTE para otros y sistemas estatales para millones— a un esquema de acceso efectivo, donde la atención médica no dependa de la afiliación, sino de la condición humana. En esencia, se plantea que la vida esté por encima del trámite.
En ese camino, el IMSS-Bienestar se ha convertido en un ejemplo concreto de cómo puede funcionar un sistema de salud más justo, donde la gente sea atendida sin importar si tiene vigencia, afiliación o pertenece a otro régimen. No es una solución mágica ni aislada, pero sí una experiencia que muestra que la atención universal puede pasar del discurso a la práctica cuando se pone a las personas en el centro.
Uno de los cambios de paradigma más relevantes es la digitalización del sistema. La creación de un expediente clínico electrónico universal —vinculado a la CURP o a una cédula de salud— permitiría que un médico en Oaxaca acceda al historial de un paciente atendido previamente en la Ciudad de México. Esto no solo reduce costos y duplicidades: salva vidas. La tecnología, en este modelo, es una herramienta de justicia.
A ello se suma una visión preventiva que rompe con la lógica reactiva del pasado. El programa Salud Casa por Casa busca llevar la atención médica directamente a los hogares de adultos mayores y personas con discapacidad, resolviendo padecimientos antes de que se conviertan en emergencias hospitalarias. Prevenir es más eficiente y sostenible.
La universalidad, sin embargo, sería incompleta sin medicamentos. Por ello, el proyecto contempla el fortalecimiento de la compra consolidada y de la logística de distribución, con Farmacias del Bienestar que funcionen como respaldo real del sistema.
Detrás de esta propuesta hay algo más que una reforma administrativa: hay una convicción ética. Claudia Sheinbaum, como mujer de ciencia, entiende la necesidad de planeación, datos e infraestructura; como líder social, comprende que no hay mayor injusticia que negar atención médica por razones económicas o burocráticas. Su visión coloca a la salud como eje del nuevo Estado de Bienestar y como condición indispensable para la igualdad.
La oposición podrá cuestionar ritmos o métodos, pero el fondo es incuestionable: por primera vez en generaciones, México avanza hacia un sistema donde la salud deja de ser un negocio y se asume como un derecho exigible. La consolidación de la salud universal no es solo una política pública; es una decisión histórica a favor de la vida.
UN COMENTARIO MÁS
En consecuencia con el objetivo de priorizar la salud pública, esta semana se inauguró en la Ciudad de México la nueva sala de urgencias del Hospital General “Dr. Fernando Quiroz Gutiérrez” del ISSSTE, equipada con 16 camas (incluyendo dos de aislamiento), consultorios especializados, zonas de clasificación de emergencias y salas de choque, un logro alcanzado gracias al liderazgo de Martí Batres, director general del Instituto.
En este proceso, es importante reconocer el trabajo institucional de figuras como José Rodrigo Ávila Carrasco, Director de Oficinas de Representación del ISSSTE, quien ha acompañado las acciones de supervisión, diálogo y coordinación interinstitucional necesarias para que las obras respondan a las necesidades reales de la derechohabiencia y del personal médico. Enhorabuena.